EL GATO EN LA HISTORIA

El gato es el único animal que ha domesticado el hombre y que mantiene su fama de autosuficiencia. Venerado como un dios en el Antiguo Egipto, y quemado en la hoguera en la Edad Media, el gato ha sufrido las pasiones contradictorias de los hombres. Cercano y distante a la vez, se ha convertido en el alma de los hogares, sin dejar de fascinar e inspirar a poetas, músicos, pintores y escultores.

 

Según los historiadores, el término "gato" proviene de África, donde se llama kadista. Los griegos le llamaban kattos o katta; los latinos, cata. De ahí derivan gato en español, gatto en italiano, cat en inglés, Katze en alemán, kot en polaco y chat en francés.




EL GATO EN EL ANTIGUO EGIPTO


En la antigüedad egipcia (4.000 a.C. - 100 a.C.), el gato conoció su momento de gloria debido a sus dotes como cazador de serpientes y de ratas, grandes devoradoras de cereales. Era admirado por su belleza y temido por sus cualidades «mágicas», es decir, por su capacidad de contraer sus pupilas a la luz de la Luna y el Sol. Bastet, diosa de la fecundidad, era representada por una gata.


Este animal era objeto de tal veneración que, cuando moría, toda la familia se afeitaba las cejas en señal de duelo. En caso de incendio, se salvaba primero al gato tutelar y, si moría entre las llamas, la familia superviviente se cubría de hollín y recorría las calles pregonando su culpabilidad. Matar un gato, incluso involuntariamente, era un delito castigado a menudo con la pena de muerte: el culpable era lapidado por el pueblo.




EL GATO EN EL MUNDO GRECORROMANO


Los gatos domésticos fueron exportados de manera fraudulenta desde Egipto por los mercaderes fenicios y se extendieron paulatinamente por todos los países mediterráneos. En Grecia, el recibimiento fue moderado porque la garduña ya ocupaba el puesto del gato y protegía las cosechas de los roedores. La población helénica no lo adoró y se limitó a adoptarlo sin reconocer su talento depredador. Roma, en cambio, le otorgó el papel de compañero, cazador de ratas y encarnación de la diosa Bastet.


En el año 392, cuando el culto romano ya había fusionado la adoración a Bastet y a Diana, la prohibición de los ritos paganos decretada por el emperador cristiano Teodosio fue el punto de partida de una desconfianza súbita ante el gato que se mantendría durante siglos.




EL GATO EN ASIA


En China, el gato fue conocido a partir de la época de la disnastía Han, hace unos 3.000 años (poco después de Egipto). Era un animal de compañía que solía reservarse a las mujeres, y a veces se le atribuyó el poder de atraer la mala suerte. Paradójicamente, también se le suponía la cualidad de alejar a los demonios gracias al brillo de sus ojos durante la noche. Según decían, Li-Show, divinidad silvestre, tenía incluso el aspecto de este felino.

 

En el siglo VI d.C., el gato llegó a Japón, pero no se introdujo realmente en ese país hasta el año 999, a raíz del decimotercer aniversario del emperador Ichijo. A veces benéfico y cómplice, con su pelaje de concha de tortuga, a veces maléfico, con su cola bifurcada, el gato tuvo tanto éxito en Japón que una ley del siglo XVIII prohibió encerrar los ejemplares adultos y comerciar con ellos.

 

Al igual que en Egipto, el gato también fue venerado en la India, donde Sasti, la diosa de la fecundidad, tomó la apariencia de una gata. Quizá se trataba de la versión hindú de la egipcia Bastet.




EL GATO EN LA EDAD MEDIA


La Europa de la Baja Edad Media no fue hostil hacia el gato, que, por sus dotes de cazador, se ganaba la simpatía de los campesinos. Se servían de él para combatir roedores de todo tipo, desafiando el juicio de la Iglesia -que consideraba al animal un ser demoníaco-, en conventos y en monasterios; incluso más de un santo medieval apreciaba su amistad.

 

Por desgracia, el rebrote de los cultos paganos tras la peste negra y sus estragos (25 millones de muertos en veinte años), hacia mediados del siglo XIV, firmó la sentencia del pequeño felino, asociado a partir de entonces con los ritos «infernales». La Inquisición, con el papa Inocencio VIII y su edicto del año 1484, toleró el sacrificio de gatos con ocasión de las fiestas populares. Ése fue el principio de un largo período de persecución.


A diferencia de perros, vacas, cerdos, etc., que eran juzgados por un tribunal, los gatos eran condenados a la vez que su dueño, brujo o bruja, y quemados vivos en la plaza pública, para gran regocijo de los mirones. Hubo que esperar al siglo XVIII para que se terminasen estos malos tratos.

 

A pesar de todo, numerosos hogares acogieron al gato durante este sombrío período, pero no se le mencionó como animal hogareño en distintos textos hasta el siglo XVII.




EL GATO DEL SIGLO XVIII A LA ACTUALIDAD


Cuando por fin cambiaron las cosas, las persecuciones estuvieron muy cerca de diezmar la especie. Más tarde, la rata parda, recién llegada a Europa, trajo con ella la peste. En consecuencia, llegó también la rehabilitación del gato, hasta tal punto que el primero vendido en Paraguay, en 1750, fue canjeado por un lingote de oro. Estos pequeños cazadores empezaron entonces a prestar sus servicios en almacenes, oficinas, granjas y barcos. Algunas compañías de seguros exigían que los cargamentos estuvieran debidamente vigilados por todo un contingente felino en cada viaje.

 

A mediados del siglo XIX, el gato se estableció definitivamente en los hogares.




EL GATO EN EL MUNDO ARTÍSTICO


EL GATO EN LA LITERATURA


"La Gatomaquia"

Lope de Vega

"El Gato con Botas"

Charles Perrault

"Penas del corazón de una Gata inglesa"

Balzac

"Alicia en el país de las maravillas"

Lewis Carroll

"El gato negro"

Edgar Allan Poe


"El gato bajo la lluvia"

Ernest Hemingway

"La Gata"

Colette

"Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar"

Luis Sepúlveda

"Cementerio de animales"

Stephen King

 


EL GATO EN LOS DIBUJOS ANIMADOS


GARFIELD TOM Y JERRY SILVESTRE Y PIOLÍN






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